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lunes, 23 de marzo de 2009

Ya lo veremos Logia.


Quince minutos para escribir. Será un ejercicio dadaísta o mejor, una elección equivocada de todas las palabras y temas, pero hoy se presenta así la ocasión. Incluso puede ser mejor. Escrito menos ataviado, menos glitter, menos shining. 45 segundos menos. Y sí leí un poco de la novela Diablo Guardián y puedo decir que me está costando. No por la extensión o por la historia. Es el monólogo. Me cansa mucho estar leyendo un monólogo de una niña de 16 años que encarna la versión femenina del sarcasmo y el materialismo, y alternado el show el valemadrismo bajo, sexual, impávido, de su colega Pig. Claro que una novela tan cansada deja lugar a más reflexiones.

12 minutos. Incursionaré en las actividades deportivas en la UNAM. Espero poder entrar al equipo de americano. ¿Un deportista de americano que antes de entrar se va a escribir una entrada en su blog? Una vez más el adjetivo que más me ha acompañado en la vida resurge: raro. Un amigo se rompió la pierna en tres en esos entrenamientos. Yo quisiera que me rompieran la voluntad o la terquedad o la rareza. ¿se podrá? Él ya no puede caminar. Pero no me preocupa, pues hasta Stephen Hawking escribe. Así que a menos de que termine encamillado en coma, seguiré con estos escritos. Es lo mío. A pesar de los muchos cambios que he tenido en la vida, es lo único que me apasiona realmente. Escribir. Y leer. Vaya, qué simple suena decirlo y qué trabajo me ha costado darme cuenta.

9 Minutos y la mariposita no me llama. Yo tampoco le he hablado. A veces siento que se aleja de mí porque la canso. ¿Y quién no? Al parecer raro viene acompañado de un aspecto no muy agradable, como el mío. Dicen que soy complicado. A las mariposas les gustan las flores y yo disto mucho de ser una planta. Si me comparara con un animal... pues tendría que recurrir a alguien más para que lo hiciera. No puedo compararme. A ver qué animal dice la mariposita que soy. ¿Me querrá? ¿O sólo viene porque tengo colores brillantes como flor, pero cuando vea que soy venenoso se irá volando? Eso... tendría que ser venenoso. Pero llamativo.

5 minutos. Ya debo ir al campo. Solo, mi compañero no llegó. Es como ir de camping a la trinchera cuando empezó la 1era guerra mundial. No sé nada de americano. Sé las reglas. A veces jugaba con mis cuates. ¿Pero en campo oficial? Jamás. ¿Con coach? Nunca. A ver qué rol tengo en el juego de estrategia.

1 minuto. Para recordar que la vida me tiene que cambiar este año. O sea que el mundo cambiará este año ¿anhelo la trascendencia?. ¿Me leo muy seguro o muy soberbio o muy tonto?

Ya lo veremos Logia.

viernes, 13 de marzo de 2009

Matrix literario vs. Recursos Humanos






No, no, no y no. Me rehusé a entrar a esa clase matutina de Administración de la remuneración. Y es que no me parece agradable estar enconchado en clase, escuchando un debate sobre si a las personas debe de llamárseles capital o recurso humano. Y dicen que los aforismos deben ser resultado de la experiencia. Al parecer los que discuten la definición antes dicha en vez de ser administradores deberían ser paremiólogos.



Cuando uno entra a una conferencia, una clase, una película, lee un libro o se encuentra enfocando la atención totalmente en una consecuencia de la mente de alguien más creo que nos convertimos, nos moldeamos. Ingresamos al universo ajeno como bolitas de plastilina sin forma, y el contenido, las emociones, la estructura, el fondo, en sí cualquier elemento que recibamos nos transforma. He ido a clases donde salgo con personalidad de Shakespeare, o de Steve Jobs o de Obama o cualquiera de las mil y un babuchas que me he enfundado. Algunas me quedan, otras... mejor las retiro, pero gozo de una personalidad ajena por un momento. Pero en esa clase hasta los zapatos de Changoleón me quedan grandes. Salgo haciendo gala de convertirme en un antirecurso humano, o sea un indigente, un escaso, una penuria, una carestía o un desvalido.



Me llegué a encontrar en esa clase con mis páginas llenas, retacadas de dibujos que representaban mi anhelo de salir volando y escribir. Por aquí una playa, por allá un ave, por acá un equino en pleno hipódromo… y lo decidí. La valuación de puestos y la justa remuneración cursadas de 9 a 11 en el salón D105 de la Facultad de Contaduría y Administración de la Universidad Nacional Autónoma de México no serán jamás mi fuente de ingreso, de satisfacción de necesidades maslowianas, no y no.



Es mucho más intenso, agradable, gozoso echarse un café y leer a Taine, Spencer, Spinoza, Iglesias, Vasconcelos, que escuchar chucherías baratas y discusiones sin fondo de aforismos pseudointelectuales. Y sé que el resultado de entintar la hoja o de teclear letra tras letra en la compu siempre resulta desvariado, íntimo, exhibicionista, desleal. Pero, ¿no es precisamente ese sentimiento el que alienta al escritor a conformar sus enunciados? Y es grave porque puede volverse una adicción. Una completa obsesión, una necesidad más grande que la de comer: Al principio uno escribe después de alimentarse, después comparte ese tiempo de teclear o garabatear con una mordida de torta y un café... y cuando son profesionales se sumergen en su Matrix (en vez de ver un montón de numeritos como en la película, ven en letras) y el alimento son ellos. Yo apenas estoy en el segundo estadio, al parecer.



¿Escritor de profesión, cómo se llega a serlo? Creo que debes de vivir ensimismado en las olas de las letras que ordenas una y otra vez, una vez más, como ladrillos que nunca deben ser iguales, pero deben tener simetría, sustentarse, combinar, ser coherentes, verse bien, ser originales, no aburrir y, además de todo, expresar ideas, historias.



Por el momento mis historias se arrumban una tras de otra y la edificación es más una Torre de Pisa que un Palacio de Versalles. Algo al menos me alienta. Salir de la clase para entrar al mundo cibernético exige pasar entre la gente normal (así me lo han recalcado, creo que es aquella que habla de temas menos aburridos que yo y encima no se responsabiliza por ingresarlos a un blog, además cuando vienen a la facultad no piensan en escribir, sino en forjar su mente como un subterfugio de índole neoliberal y trabajar para Big Company con un salario de perro famélico y un horario de mula citadina). El caso es que pasar entre ese desfile de individuos me lleva a toparme con una o dos nenitas que de repente pasan y te guiñan el ojito, así, como no queriendo.

No serán Érato, Clío, Terpsícore, Melpómene, Talía, Urania, Calíope o la más sucia: Euterpe (es la más sucia porque toca la flauta, jaja). Pero si algo tengo es imaginación con las chicas y las visto de toga, las recuesto en esas poses de orgía romana, les invento una personalidad interesante y me deleito con esas comedias, óperas, tragedias mentales. Sí, ya sé lo que están pensando: este wey no tiene nada qué hacer, qué patético, cero realista…



Pero los que les dedicaban culto a las musas en Pieria, y aún hoy en día habemos algunos, invocamos las curvas sublimes de una mujer a la falta de materia en el pensamiento, pues de tenerlo vacío a llenarlo con los olores y sabores femeninos, prefiero lo segundo y muchas veces proporcionan las palabras y hechos que son materia prima de la escritura. ¿Robo de identidad? No lo creo, es sólo el incremento de las variables en el escenario, es un plus, un stock que nos saca de apuros en el momento de presentar la obra en el teatro ateniense. Está bien, seré más apegado a la realidad: son agarraderas chilangas y necesarias que te sacas de la manga cuando no te sale nada de la mente y la hoja está en blanco. ¿Felices?



En fin, sigo defendiendo la actividad estenógrafa sobre la de ser un escucha pasivo en una clase que sólo proporciona olores humanos concentrados, y a veces penas ajenas, a veces divertimentos en los que la pobre oradora no puede mantener la atención de un montón de nosotros sobre la materia más aburrida de la carrera. Lo mismo dirá ella de mí si leyera este blog. Citando a Oscar Wilde para defenderme “No existen más que dos reglas para escribir: tener algo qué decir y decirlo”. Además aquí me lee quien quiere y nadie se queda a la fuerza. Sólo yo. Ya escuché: ¡Obsesionado!

jueves, 12 de febrero de 2009

Desde las aulas de la UNAM


Pues heme de nuevo con ustedes, madurando la forma de expresarles la nueva idea que ahora escolta mi imaginación, espero no halle el lugar incómodo, que se me fuga o se me va sin siquiera dejar el pago de la estancia. Decía Hipólito Taine: “Nada tan peligroso como una idea amplia en cerebros estrechos.” Ahora me pregunto cómo es que muchos han caminado por la Tierra sin una hidrocefalia marcada.
Todo nació el día en que una obra literaria quedó desacomodada del librero. Yo recordaba la portada pero no haber siquiera echado un vistazo a la hoja legal, no recordaba su lomo y menos sus solapas. Su olor me era insólito, su sola presencia parecía indigna junto a los demás volúmenes que no le dejaban ni respirar.
Era un extraño para mí como yo lo era para él. Es como darle hospedaje a un insecto nocturno (como las palomillas) que estará activo cuando uno ponga la oreja en la almohada y de que uno se despierta poco puede advertir del somnoliento animal. Decía algo así como “El Ateneo de la Juventud. (A-Z)”, De un autor llamado Fernando Curiel Defossé. Me asaltó la tentativa de acercarme a acomodarle y al llegar preferí cargarlo conmigo para hacerle un espacio en otro lado. Como es costumbre, olvidé la intención, le paseé y terminó en mi bureau al lado de Stephen Hawking, H.P. Lovecraft, de Neruda, Borges y compañía. Hube terminado las obras anteriores y quedóse sólo el libro de Fernando. No me llamaba mucho la atención, pues, como todos en primaria y secundaria, llevé historia de la Literatura Hispanoamericana y sí, el profesor era más aburrido y arrugado que una momia con estrías.
Recordaba el movimiento del Ateneo vagamente, y a pesar de mi incursión en la Universidad Nacional Autónoma de México, los Vasconcelistas y HenríquezUreñistas se me habían escapado del camino. Algo sabía yo de Alfonso Reyes (poco más que decir que pasé sin mucho sol y con más sombra por el Colegio de México, capítulo de mi vida que ya después describiré). Una noche solitaria en que desesperado pensaba en que la mariposita salvaje no era todavía mía y estábamos en un estira y afloja, aunque sí me respondía mis poemas y eso era ya un alivio para el alma, los ateneístas se esforzaron en guiñarme el ojo y un resplandor repentino me hizo voltear a verlo.
Tomé una chelita y dije: “bienvenido maestro, empiézame a contar tu historia”. Desenvolvíme entonces en el prefacio-alcóholico más que interesante y descubrí a través de esas páginas muchas personalidades de principios de 1900. Llegaron a mi mente las tertulias y reuniones de los congregados y casi me pude desenvolver en las aulas y los campos de la Universidad Nacional Autónoma de México. Imaginé el centro de la Ciudad en ese entonces y percibí la inquietud incesante que poseían ese aglomerado de intelectuales.
Cambio, revaloración de íconos, nueva filosofía, creación y exposición de obras de arte, cooperación hispanoamericana, un verdadero nodo sobre el que se articularía el origen de la literatura de 1906 a 1914. Muchos insisten, según Defossé, en hacer listas, enmarañar y deshilachar quiénes fueron los más importantes del movimiento, que si Matute hace una lista, que si Krauze la verifica y le añade etiquetas, que si Monsivaís aprueba o no a los que le apetece… Es un juego de plastilinas y colores con los que los historiadores, sociólogos, politólogos, regresan a la infancia y nos presumen cómo quedó la pieza de cada quien.
Parece que regresamos a maternal y nos dicen: la mía tiene cara naranja; pues la mía es verde y sólo tiene una nariz roja, y la mía es un escándalo porque está desnuda. Unos citan a los nietos de los Ateneístas, otros les piden documentos y al final cada quien debe decidir quién tiene el alebrije más bonito…

Y lo atrayente sería saber exactamente (conozco las implicaciones de esta afirmación pero el ideal histórico del espectador de cámara de cine es irresistible) cómo sucedió el grupo, dónde residía su cohesión, cómo pasaban las reuniones, quién se oponía a quién, ubicar la etiqueta con la cara del feo, el fuerte, el sabio…

Y sin embargo una cosa sí reprocho a los Ateneístas, ¿dónde quedó la inclusión de la mujer? ¿el nombre femenino es inexistente en sus listas? ¿era un grupo excluyente del sexo opuesto o sólo es que ellas nunca se acercaron a las actividades?

Hundido ya en estos pensamientos surgió la idea de reorganizar un grupo de discusión, claro, sin tratar de copiar este formato, con diferentes metas y pensando en un homenaje a los miembros de 1909. Esto sería imposible de recrear. Pero es plausible que un movimiento de revaloración de la UNAM se lleve a cabo desde sus aulas. Los problemas contemporáneos de la juventud y la percepción del exterior dista mucho de la de 1909, las formas, las instituciones, la cultura ha cambiado. ¿O no?

Todo empezará como un grupo de discusión, de lectura, de invitación a la socialización intelectual, actividad tachada en los groupes de pairs actuales en la UNAM. Al parecer uno sólo se puede reunir a embriagarse con un tema vacío en los labios y música estridente. Las conversaciones sobre la ropa, los automóviles, las nuevas tecnologías, los chismes y demás hechos vanos van y vienen como polvo en un torbellino. Al final sólo el malestar del alcohol invade las cabezas de los crudos post-fiesta y nada constructivo salió de esa unión. La palabra es un don poderoso, es un medio de transmisión de energía entre nosotros, los seres depredadores supremos.

¿Entonces ya murieron las tertulias? ¿Esos grupos de personas que se sentaban, sí tal vez a disfrutar un buen vino, pero acompañado de una calurosa discusión racional y constructiva, ya perecieron? Yo creo que sólo se han transformado y ahora es cuando debemos demostrar que si la Universidad posee tantos estudiantes y académicos, la suma de ese capital humano e intelectual nos convierte en el centro educativo más grande de Hispanoamérica para realizar un cambio de mentalidad, un análisis crítico de nuestro entorno y podemos comenzar a trazar las líneas de lo que llegará a ser nuestro futuro. Y cada quién añádale sus gustos, ya veo un Picasso pintando todos los planos de la imagen por aquí, Dalí con todo y sus bigotes se pelea con Rius por el pincel, uno ahora quiere caricaturizar el surrealismo y el otro quiere surrealizar la caricatura.

Y da la tarde y el solecito me pega en la ventana, indicándome que pasan de las 3, y si no me avoco a la tarea de Planeación Estratégica mi esfuerzo de este semestre será en balde. Mejor será que continúe otro día con mi plática, muchachos.

Un saludo.